Category Archives: Pensamientos y Reflexiones

NO DESPRECIE EL PODER DE LA CONCENTRACIÓN

NO DESPRECIE EL PODER DE LA CONCENTRACIÓN

Los seres humanos solemos vivir en un sueño continuo, sin concentrarnos en el momento presente que otorga dicha y felicidad a quien las visualiza y acepta. Esas que están en el momento presente y en las cuáles, deberíamos concentrarnos. Concentrándose en las cosas bellas del presente, usted podría llegar más lejos de lo que puede imaginar, viviendo lo que llamo, un presente futuro.

No se puede negar que diariamente nos rodean demasiadas tentaciones y distracciones y tenemos que decidir cuál es la mejor manera de invertir nuestro tiempo. Es ahí, donde la concentración se convierte en algo de alta prioridad. Y prestarle atención a las cosas importantes de la vida será un trabajo a realizar; pero cuidado, que la atención puede obedecer a estímulos externos que, con frecuencia es una atención involuntaria y nos desvía de las cosas bellas de la vida, hacia cosas no deseadas.

Pero, ahí está, también, esa atención de carácter interno y consciente sujeta a nuestra propia elección y que nos permite responder y reaccionar a las experiencias que queremos atender y dedicarles nuestro tiempo.

Algunas áreas sobre las que debemos trabajar con especial cuidado para trabajar con una atención voluntaria bien desarrollada, son:

  • Estrategias para desarrollar la capacidad de una atención voluntaria gobernada por nuestra fuerza interna, que nos permita ser capaces de transformar el presente y construir una vida enfocada y plena que nos haga sentir siempre, felices.
  • Cultivar las vivencias de atención consciente que es una facultad genial de la mente humana para enfocarse en las cosas que queremos, al tiempo que las percibe como una revelación de cosas agradables y placenteras.

No se puede perder de vista que en los tiempos modernos todo conspira continuamente para distraernos, golpeando nuestra mente hasta ensordecernos con múltiples quejas y reclamos de las cosas “malas”. Pero no ceda, porque en la atención al presente y a las cosas bellas de la vida hay un misterio del que surgen cosas reveladoras de la felicidad que se encuentra en las cosas simples de la vida. Porque la calidad de vida y la felicidad, no dependen de las riquezas materiales o las cosas pasajeras como la inteligencia y la beldad y, mucho menos, de las cosas que nos ocurren. La calidad de vida y la felicidad están dadas por aquello que elegimos como motivo de nuestra felicidad y a lo cual decidimos estar atentos. Su atención juega, entonces, un papel determinante a la hora de definir su calidad de vida, crear y vivir esas experiencias que siempre ha deseado.

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Félix Miranda Quesada
Mente Positiva

Cómo lograr una actitud mental positiva

Desarrollar una actitud mental positiva, es una de las mejores maneras de obtener oportunidades para ser exitoso en cualquier campo en el que nos desenvolvamos. Una actitud mental positiva nos hace más felices y, a la vez, inspira a otras personas a querer compartir su tiempo y sus vivencias con nosotros. Incluso, algunos estudios realizados han demostrado que esta condición ayuda a disminuir los niveles de estrés y, por lo tanto, a mejorar nuestra salud. Por lo tanto, se debe lograr y mantener una actitud mental positiva.

Es posible que usted esté de acuerdo con lo que afirmamos y, además, desea tener una actitud mental positiva, porque desea su felicidad y una sana convivencia con otras personas, pero a la vez se estará preguntando ¿cómo logro eso que me es tan importante? O quizás usted piense, sí Félix, tiene razón, pero es más fácil decirlo que lograrlo.

En el siguiente reporte encontrará algunas ideas que pueden ayudarnos a adquirir esa actitud de positivismo que todos necesitamos, con tanta frecuencia.

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VEAMOS TODO EL PANORAMA-UNA HISTORIA QUE PODRÍA SER LA NUESTRA

punto-de-vista

Veamos todo el panorama y no solo nuestro punto de vista

Esta es una historia leída en internet. No importa si es una historia cierta o no, lo importante es que, podamos aprender el mensaje contenido en ella.

He aquí la historia:

Mi esposo es un ingeniero de profesión y lo amo por su actitud de constancia y amo el caluroso sentimiento cuando me reclino en sus anchos hombros. Tres años de noviazgo y ahora dos años de matrimonio, debo admitir que me estoy cansando de eso. Las razones para haberlo amado antes se han convertido en la causa de toda mi inquietud. Soy una mujer sentimental y extremadamente sensible cuando se trata de una relación y de mis sentimientos, anhelo los momentos románticos como una niña anhela los dulces.

Mi marido es totalmente lo opuesto, su falta de sensibilidad y su incapacidad de provocar momentos románticos en nuestro matrimonio me ha descorazonado acerca del amor.

Un día, finalmente, decidí decirle mi decisión:

“Quiero el divorcio”.

“¿Porqué?”, me preguntó en estado de choque.

“Estoy cansada; no hay razón para nada en el mundo”, respondí.

Él se mantuvo en silencio toda la noche. Con un cigarrillo encendido se mantuvo profundamente pensativo todo el tiempo.

Mi sentimiento de desilusión se aumentó, aquí había un hombre quien no podía siquiera expresar su difícil situación. ¿Qué más podía yo esperar de él? Y, finalmente me preguntó: “Qué puedo hacer para cambiar tu mente”.

Alguien lo dijo acertadamente, es difícil cambiar la personalidad de alguien y supongo que he empezado a perder la fe en él.

Mirando profundo en sus ojos, lentamente respondí: “Aquí está la pregunta, si puedes responder y convencer mi corazón, yo cambiaré mi mente; digamos que quiero una flor que está en lo alto de una montaña y ambos estamos seguros que recoger la flor causará tu muerte; lo harías por mí”.

Él dijo: “Te daré la respuesta mañana…”.  Mis esperanzas se derrumbaron escuchando su respuesta.

Me levanté la mañana siguiente para descubrir que se había ido y vi un pedazo de papel con su letra áspera debajo de un vaso de leche en la mesa del comedor cerca de la puerta de enfrente que decía:

“Querida: no recogería la flor para ti, pero por favor permíteme explicarte las razones más adelante…”

La primera línea ya estaba quebrantando mi corazón. Continué leyendo:

“Cuando usas la computadora siempre dañas los programas y lloras enfrente de la pantalla; tengo que cuidar mis dedos para poder ayudarte a restaurar los programas.

Siempre dejas las llaves de la casa olvidadas, así que tengo que cuidar mis piernas para correr a la casa y abrirte la puerta.

Te gusta pasear pero siempre pierdes tu camino en una nueva ciudad; tengo que cuidar mis ojos para mostrarte el camino.

Siempre te dan calambres cada vez que se aproxima tu período cada mes; tengo que cuidar mis manos para calmar tus calambres en tu abdomen.

A veces te gusta quedarte en casa y me preocupa que seas infectada por el autismo infantil. Tengo que cuidar mi boca para contarte chistes e historias y curar tu aburrimiento.

Siempre estás mirando a la computadora y eso no es saludable para tus ojos, tengo que cuidar mis ojos para que cuando nos hagamos viejos pueda ayudarte a cortarte las uñas y ayudarte a eliminar y acomodar esos estorbosos cabellos blancos. Así, también podré sostener tu mano mientras paseas por la playa mientras disfrutas los rayos del sol y la bella arena…y decirte el color de las flores, como el color de la luz en tu rostro.

Así que, querida, a menos de que esté seguro que hay alguien que te ame más que yo, no podré recoger la flor aún y morir”.

Mis lágrimas cayeron sobre la carta y destiñeron la tinta de la escritura y luego continué con la lectura…

“Ahora que has terminado de leer mi respuestas, si estás satisfecha por favor abre la puerta de enfrente porque estoy fuera trayéndote tu pan favorito y leche fresca…”

Corrí a tirar la puerta y vi su rostro ansioso apretando firmemente con sus manos la botella de leche y el bollo de pan. Ahora estoy segura que nadie me amará tanto como él lo hace y he decidido dejar la flor sola.

¿No es interesante ver que a veces estamos tan obsesionados viendo las cosas desde nuestro punto de vista que podríamos habernos perdido todo el panorama?

Viendo en retrospectiva, ¿cómo se relaciona esta historia con nuestras experiencias de vida?. Seamos agradecidos y atesoremos lo que tenemos.

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EL MAESTRO

Historia

Recopilación:
Félix Miranda Quesada de
Mente Positiva

Esta es otra interesante historia recopilada por Mente Positiva. Aquí se las comparto.

Cuando el gran místico sufi, Hasan, estaba muriendo, alguien le preguntó: “Hasan, ¿quién fue su maestro?”. Él dijo: “Tuve miles de maestros. Si dijera sus nombres me tomaría meses o años y ya es muy tarde. Pero hay tres maestros acerca de los que ciertamente les hablaré”.

“Uno era un ladrón. Una vez me perdí en el desierto y cuando llegué a un Villa era muy tarde, todo estaba cerrado. Pero al fin, encontré un hombre quien estaba tratando de hacer un hueco en la pared de una casa. Le pregunté dónde podría quedarme y me dijo: ‘a estas horas de la noche será difícil, pero se puede quedar conmigo – si puede quedarse con un ladrón’ –. El hombre era maravilloso y me quedé con él un mes. Cada noche me decía ‘ahora me voy al trabajo. Usted descanse y ore’. Cuando él regresaba yo le preguntaba ¿pudo conseguir algo? Y él decía ‘esta noche no, pero mañana trataré de nuevo, si es la voluntad de Dios’. Nunca estaba en un estado de desesperanza, siempre estaba feliz. Mientras yo estuve meditando y meditando por años y nada ocurría, muchas veces llegaba el momento en que estaba desesperado, desesperanzado y pensaba dejar todo eso que no tenía sentido. Y, de repente, recordaba al ladrón quien siempre decía, todas las noches, ‘si es la voluntad de Dios’, mañana ocurrirá.

Los perros y niños son maestros

Los perros y los niños son maestros

Y mi segundo maestro fue un perro. Yo iba hacia el río, sediento y el perro venía, él también estaba sediento. Miraba dentro del río y veía otro perro ahí – su propia imagen – y sentía miedo. Ladraba y se alejaba, pero su sed era tanta que regresaba. Finalmente, a pesar de su miedo, saltaba al agua y la imagen desaparecía. Supe que había un mensaje para mí de este incidente: uno tiene que saltar a pesar de todos los temores.

Y el tercer maestro fue un pequeño niño. Entré a una ciudad y un niño llevaba una vela encendida. Iba a la mezquita a poner la vela ahí. Bromeando, le pregunté al chico: ‘¿encendió la vela usted solo?’ ‘Sí señor, respondió’ y le pregunté: ¿hubo un momento cuando la vela estaba apagada y hubo un momento en que la vela se encendió, puedes mostrarme de dónde vino la luz? Y el chico se rio, sopló la vela y dijo, ‘ahora, vio que la luz se fue, ¿adónde se fue? ¿Puede decírmelo?’ Mi ego estaba destrozado, todo mi conocimiento se vino al suelo y en ese momento sentí mi estupidez. Desde entonces decayó toda mi habilidad del conocimiento.

En verdad no tuve maestro. Eso no significa que yo no era discípulo – acepto toda la existencia como mi maestro –. Mi discipulado fue un involucramiento mayor que el suyo. Confié en las nubes y en los árboles. Confié en la existencia como tal. No tuve maestro, porque tuve miles de maestros. Aprendí de toda fuente posible. Ser un discípulo es un deber en el camino. ¿Qué significa ser un discípulo?

Significa ser hábil para aprender, ser vulnerable a la existencia. Con un maestro usted empieza a aprender a aprender. El maestro es una piscina donde usted puede aprender a nadar. Una vez que ha aprendido, todos los océanos son suyos.

Entonces ¿de qué maestros aprende usted en la vida?

UNA HISTORIA DE AMOR VERDADERO

Recopilación y adaptación: Félix Miranda Quesada
Mente Positiva

Existió, una vez, este joven quien estaba muy enamorado de su chica. Este chico romántico hizo 1000 piezas de papel (grullas de papel) como un regalo para su amada.

Aunque en ese tiempo él era solo un empleado de baja categoría en la compañía donde trabajaba, y su futuro no parecía muy prometedor, ellos eran felices juntos. Hasta que un día su amada le dijo que se iría a París y que no regresaría nunca más. También le dijo que ella no podía visualizar ningún futuro para ellos y, por lo tanto, que tomara cada quien su camino.

Con el corazón roto, el joven estuvo de acuerdo. Pero cuando él retomó su confianza, trabajó duro día y noche, forzando su cuerpo y mente para hacer algo extraordinario. Finalmente, con todo este duro trabajo y la ayuda de sus amigos, el joven fundó su propia exitosa empresa. Nunca fallas hasta que dejas de intentarlo.

El amor verdadero no es en absoluto egoísta

El amor verdadero no es en absoluto egoísta

Un día lluvioso, mientras iba conduciendo, vio una pareja de ancianos compartiendo un paraguas bajo la lluvia caminando hacia algún destino. Aún con el paraguas, estaban empapados. No le tomó mucho tiempo para darse cuenta que eran los padres de su chica.

Con el sentimiento de vengarse de ellos, condujo lentamente al lado de la pareja, deseando que lo vieran en su lujoso sedán. Quería que supieran que él no era el mismo de antes, que tenía su propia compañía, carro, confort, etc. Que lo había logrado!

Antes de que el joven pudiera darse cuenta, la pareja se dirigía a un cementerio y él salió del carro y los siguió… y vio su chica, una fotografía de ella sonriendo dulcemente como siempre hacia él desde su tumba… y vio sus figuras de papel a su lado.

Saca tiempo para darte cuenta que hay una persona que significa mucho para ti; porque podrías despertarte una mañana con la pérdida de esa persona que pensabas que no significaba nada para  ti.

Los padres de la joven lo vieron. Él les preguntó porqué había ocurrido esto. Ellos le explicaron que ella no se había ido nunca a Francia. Tenía cáncer. Ella había creído que él un día iba a lograr el éxito y no quería ser un obstáculo y por eso había decidido dejarlo.

Ella había querido que sus padres pusiera las figuras de papel al lado de ella por si llegaba el día que el destino lo llevara a ella de nuevo, él pudiera llevarse algunas de nuevo.

Debemos reflexionar sobre el verdadero significado y razón de las decisiones de los demás.

 

LOS DOS LOBOS QUE LLEVAMOS DENTRO

Recopilación de:
Félix Miranda Quesada

Un abuelo anciano, cuyo nieto se le acercó enojado con un compañero de escuela quien le había cometido una injusticia, le dijo: “Permíteme contarte una historia. Yo también, a veces, he sentido un gran odio por esos que disfrutan tanto sin dolor alguno por lo que hacen. Pero el odio te desgasta y no le hace daño a tu enemigo. Es como tomarse un veneno deseando que muera tu enemigo. He luchado con estos sentimientos muchas veces”.

Continuó: “Es como si hubiera dos lobos dentro de mí; uno es bueno y no daña. Vive en armonía con todo lo que está a su alrededor y no se ofende cuando no se trata de ofenderlo. Solo peleará cuando es correcto hacerlo y lo hará en la forma correcta”.

Cuál Lobo alimentas

¿Cuál Lobo alimentas?

“Pero el otro lobo; ah…! Está lleno de rabia. La más pequeña cosa lo pondrá en un ataque de ira. Pelea con todo el mundo, todo el tiempo, por ninguna razón. No puede pensar porque su rabia y odio son demasiado grandes. Es difícil vivir con estos dos lobos dentro de mí, porque ambos intentan dominar mi espíritu”.

El chico miró fijamente a los ojos de su abuelo y preguntó: “¿Cuál gana, abuelo?”

El abuelo, solemnemente, dijo: “El que yo alimente”.

Así que, querido amigo ¿Cuál de los dos lobos alimentas?

 

HISTORIA DEL VASO DE LECHE

Recopilado por:
Félix Miranda Quesada
Mente Positiva

Un día, un joven pobre se encontraba vendiendo mercaderías de puerta en puerta para pagar sus estudios universitarios. De repente se dio cuenta que solo tenía 10 centavos y tenía hambre. Decidió que pediría comida en la próxima casa.

Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una bella joven abrió la puerta y en vez de comida pidió un vaso de agua. La joven notó que el joven estaba hambriento así que le trajo un vaso de leche grande. Él se lo tomó lentamente y luego le preguntó: “¿Cuánto le debo?”. Ella respondió, “No me debe nada”. “Nuestra madre nos ha enseñado a no aceptar ningún pago por los actos bondadosos”. “Entonces, muchas gracias”, respondió el joven.

Conforme se alejaba de la casa, Howard Kelly no solo se sentía más fuerte físicamente, sino que su fe en la humanidad se fortalecía también. Había estado a punto de rendirse y retirarse.

Un acto de bondad siempre será recompensado

Ningún acto de bondad, es un desperdicio

Años más tarde, esa misma joven, enfermó de forma crítica. Los doctores locales estaban confundidos y finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a los especialistas para que estudiaran el caso de su rara enfermedad.

El Dr. Howard Kelly fue llamado para ver el caso. Cuando oyó el nombre de la ciudad de donde venía, una extraña luz iluminó sus ojos. Inmediatamente se levantó y se dirigió a la sala donde se encontraba la mujer enferma.

Vestido con su bata de doctor fue a verla y la reconoció de una vez. Regresó a su consultorio con la determinación de hacer todo lo mejor de su parte para salvarle la vida y desde ese día le prestó especial atención a ese caso. Después de una larga lucha, la batalla fue ganada.

El Dr. Kelly le pidió a la oficina administrativa que le pasara la Factura final a él para aprobación. La miró y luego escribió algo en la orilla de la factura y se la envió a la sala a la joven.

Ella tenía miedo de abrirla porque estaba segura que le tomaría el resto de su vida para pagarla. Finalmente la miró y algo captó su atención al lado de la factura. Leyó las siguientes palabras: “Todo pago con un vaso de leche”. Puede que no nos demos cuenta de esto, pero un gesto de bondad puede tener efectos de gran alcance, puedes ayudar y tocar, algo más que una persona, solo por hacer algo bueno.

¿Cómo pueden las personas en una gran comunidad ser afectadas positivamente por una buena acción de alguien?

¿Cuántas veces te has sentido bien después de haber hecho una buena acción, aunque no esperes nada como recompensa?

¿Te has preguntado por qué esto es así?

¿Qué tal, las veces que has experimentado algo maravilloso e inesperado por haber hecho una buen acción?

HAS ACTOS POSITIVOS PARA ATRAER COSAS POSITIVAS.

Nuestro tiempo en este mundo es limitado, así que, por qué no hacer cosas importantes.

UNA BELLA HISTORIA UN GRAN MOMENTO

Una historia que podría ser la tuya o la mía

UNA HISTORIA QUE ALGUIEN CONTÓ
Recopilación de: “Mente Positiva
Presentado por: Félix Miranda Quesada

Hace veinte años yo conducía un taxi para subsistir. Era una vida de vaquero, una vida para alguien que no quería un jefe. Lo que yo no me daba cuenta es que era también un ministro. Porque yo trabajaba el turno de la noche y mi taxi se convertía en un confesionario móvil. Los pasajeros se subían, se sentaban detrás de mí en total anonimato y me contaban acerca de sus vidas. Me encontraba con personas cuyas vidas me asombraban, me ennoblecían y me hacían reír y llorar. Pero ninguna me tocó más que una señora que recogí una noche de agosto.

Respondí a una llamada de un pequeño apartamento de ladrillo de 4 apartamentos, en una quieta parte de la ciudad. Asumí que estaba siendo enviado a recoger a algunos fiesteros o a alguien que había tenido una pelea con su amante, o un trabajador dirigiéndose a un turno temprano de alguna fábrica en la parte industrial de la ciudad.

Cuando llegué a las 2:30 a.m., el edificio estaba oscuro excepto por una púnica luz en una ventana de la planta baja. Bajo estas circunstancias muchos conductores solo tocarían una o dos veces, esperarían un minuto y luego se alejarían. Pero yo había visto mucha gente pobre quienes dependían de los taxis como su único medio de transporte.

A menos que la situación oliera a peligro, yo siempre me dirigí a la puerta. Este pasajero podría ser alguien quien necesitara mi asistencia, razoné para mí mismo. Así que me dirigí hacia la puerta y toqué.

“Un minuto”, respondió una frágil y anciana voz. Pude oír algo que era arrastrado por el piso. Después de una larga pausa, la puerta se abrió. Una mujer pequeña en sus 80, se paró ante mí. Usaba un vestido estampado, un sombrero pastillero con un velo, como alguien del cine de los 40. A su lado estaba una pequeña maleta de nylon.

Bellos momentos

Vivir la vida y sus bellos momentos

El apartamento se veía como si nadie hubiera vivido en él por años. Todo el mobiliario estaba cubierto con mantas. No había relojes en las paredes ni chucherías o utensilios en los mostradores.

En la esquina había una caja de cartón llena de fotos y artículos de vidrio. “¿Llevaría mi maleta al carro?” Dijo ella. Llevé la maleta al taxi y luego regresé a asistir a la mujer. Ella tomó mi brazo y caminamos despacio hacia la acera. La mujer se mantuvo agradeciendo mi bondad. “No es nada”, le dije. “Solo procuro tratar a mis pasajeros de la manera que me gustaría fuera tratada mi madre”. “Oh, eres un buen muchacho”, dijo.

Cuando llegamos al taxi, me dio una dirección y luego preguntó: “¿Podría conducir por el centro de la ciudad?”, “No es la ruta más corta”, contesté rápidamente. “Oh, no me importat”, dijo. “No tengo prisa, estoy en camino a un hospicio”.

Miré por el espejo retrovisor. Sus ojos brillaban. “No me queda ninguna familia”, continuó. “El doctor dice que no tengo mucho tiempo”. Me acerqué cuidadosamente y apagué el marcador. “¿Qué ruta le gustaría que tomara?”, pregunté. Durante las dos siguientes horas, conducimos a través de la ciudad. Me mostró el edificio donde ella había trabajado una vez como operadora de elevador. Transitamos a lo largo del vecindario donde ella y su esposo habían vivido cuando estaban recién casados. Me hizo parar frente a una mueblería que había sido un salón de baile donde ella iba a bailar de joven.

Algunas veces me pidió que redujera la velocidad frente a algún edificio en particular o esquina y se quedaba mirando en la oscuridad sin decir nada.

Conforme apareció el primer rayo del sol asomando en el horizonte, dijo repentinamente, “estoy cansada, vámonos”. Condujimos en silencio hacia la dirección que ella me había dado. Era un edificio bajo, como pequeña clínica de reposo, con un pasillo que pasaba por debajo del pórtico.

Dos celadores llegaron al taxi tan pronto como paramos. Estaban atentos observando cada uno de sus movimientos. Debían estarla esperando. Abrí la cajuela y llevé la pequeña maleta a la puerta. La dama ya estaba sentada en una silla de ruedas.

“¿Cuánto le debo?”, preguntó, buscando dentro de su cartera. “Nada”, le dije. “Usted tiene que vivir”, respondió. “Hay otros pasajeros”, le dije. Casi sin pensarlo me incliné y le di un abrazo. Ella se agarró a mí fuertemente.

“Usted le ha dado a una anciana un pequeño momento de gozo”, dijo. “Gracias, querido”. Apreté su mano y luego caminé en la tenue luz de la mañana. Detrás de mí una puerta se cerró. Era el sonido del cierre de una vida.

No recogí más pasajeros en ese turno. Conduje sin rumbo, perdido en mis pensamientos. Durante el resto del día, difícilmente pude hablar. ¿Qué tal si esa mujer hubiera topado con un conductor enojón o uno que estuviera impaciente por terminar su turno? ¿Qué tal si yo me hubiera rehusado a tomar la carrera o haber pitado solo una vez y luego alejarme?

 

Haciendo un breve repaso, no creo que yo haya hecho muchas cosas más importantes en mi vida. Estamos condicionados para pensar que nuestras vidas giran en torno a grandes momentos. Pero los grandes momentos frecuentemente nos toman desprevenidos, bellamente envueltos en lo que otros pueden considerar cosas pequeñas.

UNA HISTORIA DE AMOR

A continuación está una bella historia que leí y me gustaría compartir con ustedes. Disfrútenla.

UNA HISTORIA DE AMOR

He aquí la historia:

Mientras caminaba a mi casa en un día muy frío, encontré una cartera que alguien había perdido en la calle. La recogí y miré dentro para encontrar la identificación de alguien y poder llamar a su propietario. Pero la cartera contenía solamente tres dólares y una carta arrugada que parecía haber estado ahí dentro por años.

El sobre estaba gastado y lo único que estaba legible en él, era la dirección del remitente. Empecé a abrir la carta esperando encontrar alguna pista. Luego vi la fecha de envío – 1924. La carta había sido escrita hacía casi sesenta años. Estaba escrita en una hermosa caligrafía femenina en papel color azul pastel con una pequeña flor en la esquina izquierda. Era una carta de rompimiento que le decía al destinatario, cuyo nombre parecía ser Michael, que quien la enviaba no podía verlo más porque su madre se lo prohibía. Aún así, le escribía que ella siempre lo amaría. Firmaba, Hannah. Era una bella carta, pero no había forma, excepto por el nombre Michael, que el dueño pudiera ser identificado. Tal vez si pido información, el operador pudiera encontrar una lista de teléfonos para la dirección que está en el sobre. “Operador”, empecé, “esta es una consulta inusual. Estoy tratando de encontrar al propietario de una cartera que encontré. ¿Hay alguna forma que me pueda decir si hay un número de teléfono para una dirección que estaba en el sobre en la cartera?

Sugirió que yo hablara con su supervisor, quien lo pensó por un momento y luego dijo, “bueno, hay una lista de teléfonos en esa dirección, pero no puedo darle el número.” Dijo, como cortesía, que ella llamaría a esos números, explicaría mi historia y les preguntaría si deseaban conectarlos conmigo. Esperé algunos minutos y luego ella estaba de regreso en la línea. “Tengo a alguien que hablará con usted.” Le pregunté a la mujer al otro lado de la línea si conocía a alguien con el nombre de Hannah. Se quedó sin aliento, “Oh!, compramos esta casa a una familia que tenían una hija de nombre Hannah. Pero eso fue hace 30 años.” “¿Sabe usted donde puede ser localizada esa familia ahora?” le pregunté.

“Recuerdo que Hannah tuvo que ubicar a su madre en un hogar de ancianos hace algunos años,” dijo la mujer. “Tal vez si entra en contacto con ellos, podrían rastrear a la hija.” Me dio el nombre del hogar de ancianos y llamé al número.

Me dijeron que la anciana había muerto hacía algunos años pero que ellos tenían un número de teléfono donde creían que podría estar viviendo la hija. Les agradecí y llamé. La mujer que respondió me explicó que Hannah estaba actualmente viviendo en un hogar de ancianos. Todo esto es estúpido, pensé. ¿Porqué estaba yo tomándome todo ese gran trabajo de encontrar al dueño de una cartera que tenía solo tres dólares y una carta que tenía casi sesenta años de vieja? Sin embargo llamé al hogar de ancianos en el que se suponía estaba viviendo Hannah y el hombre que contestó el teléfono me dijo, “Sí, Hannah está con nosotros.”

Aunque eran las 10 p.m., le pregunté si podía ir a verla. “Bueno,” dijo dubitativamente. “Si quiere sacar el tiempo, ella podía estar en la sala viendo televisión.”

Le agradecí y conduje al hogar de ancianos. La enfermera de noche y el guarda me saludaron en la puerta. Subimos al tercer piso del edificio. En la sala, la enfermera me presentó a Hannah. Era una dulce, cabello plateado hacía mucho tiempo con una cálida sonrisa y un brillo en sus ojos. Le conté sobre haberme encontrado la cartera y le mostré la carta. Al instante que miró el sobre azul pastel con la pequeña flor al lado izquierdo, hizo un profundo suspiro y dijo, “Joven, esta carta fue el último contacto que tuve con Michael.” Miro a lo lejos por un momento, con un profundo pensamiento y luego dijo suavemente, “Lo amé muchísimo. Pero yo tenía solamente 16 años en ese momento y mi madre sentía que yo era demasiado joven. “Oh, era tan guapo. Se parecía a Sean Connery, el actor.” “Sí,” continuó, “Michael Goldstein era una persona maravillosa. Si usted lo encontrara, dígale que pienso en él frecuentemente. “Y,” dudó por un m omento, casi mordiéndose el labio, “dígale que aún lo amo. Usted sabe,” dijo ella sonriendo conforme las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, “Nunca me casé. Creo que nadie nunca igualó a Michael…”

Agradecí a Hannah y me despedí. Tomé el elevador al primer piso y mientras me detenía en la puerta el guarda me preguntó, “¿Pudo ayudarle la anciana?” “Por fin, tengo el apellido. Pero creo que voy a esperar un poco. Pasé casi todo el día tratando de encontrar al dueño de esta cartera.”

 

Había sacado la cartera, que era una sencilla de cuero marrón con un cordón rojo al lado. “Hey, espere un minuto! Esa es la cartera del señor Goldstein. La conocería en cualquier parte con ese brillante cordón rojo. Siempre anda perdiendo esa cartera. Yo me la he encontrado en los pasillos al menos tres veces.”

“¿Quién es el señor Goldstein?” Pregunté, conforme mi mano empezaba a temblar. “Es uno de los veteranos en el octavo piso. Con seguridad esa es la cartera de Mike Goldstein. Debe haberla perdido en una de sus caminatas.” Le agradecí y regresé rápido a la oficina de la enfermera. Le dije lo que me había dicho el guarda. Regresamos al elevador y entramos. Recé para que el señor Goldstein nos atendiera. En el octavo piso, la enfermera del piso dijo, “Creo que él está aún en la sala. Le gusta leer por las noches. Es un anciano encantador.”

Fuimos a la única sala que tenía luces encendidas y estaba un anciano leyendo un libro. La enfermera se dirigió a él y le preguntó si había perdido su cartera. El señor Goldstein buscó con sorpresa, puso su mano en el bolsillo trasero y dijo, “Oh, la perdí!”

“Este gentil caballero se encontró una cartera y nos preguntábamos si podría ser la suya”, Le pasé al señor Goldstein la cartera y al momento de verla sonrió con alivio y dijo, “Sí, esta es! Se me debe haber salido del bolsito esta tarde. Quiero darle una recompensa.” “No, gracias,” le dije. “Pero tengo que decirle a usted algo. Leí la carta con la esperanza de encontrar quien era el dueño de la cartera.” La sonrisa en su rostro desapareció de repente. “¿Usted leyó la carta?” “No solo la leí, creo que sé dónde está Hannah.” Repentinamente se puso pálido. “¿Hannah? ¿Usted sabe dónde está? ¿Cómo está ella? ¿Es aún tan bonita como era? Por favor, por favor dígame,” suplicó.

“Ella está bien…tan bonita como cuando usted la conoció” le dije suavemente. El anciano sonrió con anticipación y preguntó, “¿Podría usted decirme donde está ella? Quiero llamarla mañana”. Agarró mi mano y dijo, “¿Sabe algo, señor, yo estaba tan enamorado de esa joven que cuando llegó la carta, mi vida literalmente terminó. Nunca me casé. Creo que siempre la he amado”.

“Señor Goldstein”, le dije, “Venga conmigo”. Tomamos el elevador hacia el tercer piso. Los pasillos estaban oscurecidos y únicamente una o dos pequeñas luces alumbraban nuestro camino hacia la sala donde Hannah estaba sentada sola viendo televisión. La enfermera caminó hacia ella. “Hannah”, le dijo suavemente, señalando a Michael, quien estaba esperando conmigo en la puerta. “¿Conoces a este hombre?” Ella se ajustó sus lentes, miró por un momento, pero no dijo una palabra. Michael dijo suavemente, casi en un murmullo, “Hannah, soy Michael. ¿Me recuerdas?”

Ella se quedó sin aliento, “Michael! No lo creo! Michael! Eres tú! Mi Michael”

El caminó lentamente hacia ella y se abrazaron. La enfermera y yo nos retiramos con lágrimas bajando en nuestros rostros. “Ve”, dije. “Vea lo bien que el Señor trabaja! Si debe ser, será”.

El amor todo lo puede

El amor todo lo puede

Aproximadamente tres semanas más tarde recibí una llamada de la oficina del hogar de ancianos. “¿Puede sacar el domingo para asistir a una boda? Michael y Hannah se van a unir!”. Fue un hermoso matrimonio con todas las personas del hogar arregladas para unirse a la celebración. Hannah usó un vestido beige claro y se veía maravillosa. Michael uso un traje azul oscuro y se mantuvo erguido. Me tomaron como su mejor amigo. El hogar les dio su propia sala y si usted alguna vez desea ver una novia de 76 años y un novio de 79 años, actuando como dos adolescentes, debe ver a esta pareja.

Ese fue un final perfecto de una relación amorosa que había durado casi 60 años.

Algunas veces en la vida, no sabremos cómo sucederán las cosas o cómo terminarán, hasta que lleguen.

Así que recuerde mantener la fe.