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EL MAESTRO

Historia

Recopilación:
Félix Miranda Quesada de
Mente Positiva

Esta es otra interesante historia recopilada por Mente Positiva. Aquí se las comparto.

Cuando el gran místico sufi, Hasan, estaba muriendo, alguien le preguntó: “Hasan, ¿quién fue su maestro?”. Él dijo: “Tuve miles de maestros. Si dijera sus nombres me tomaría meses o años y ya es muy tarde. Pero hay tres maestros acerca de los que ciertamente les hablaré”.

“Uno era un ladrón. Una vez me perdí en el desierto y cuando llegué a un Villa era muy tarde, todo estaba cerrado. Pero al fin, encontré un hombre quien estaba tratando de hacer un hueco en la pared de una casa. Le pregunté dónde podría quedarme y me dijo: ‘a estas horas de la noche será difícil, pero se puede quedar conmigo – si puede quedarse con un ladrón’ –. El hombre era maravilloso y me quedé con él un mes. Cada noche me decía ‘ahora me voy al trabajo. Usted descanse y ore’. Cuando él regresaba yo le preguntaba ¿pudo conseguir algo? Y él decía ‘esta noche no, pero mañana trataré de nuevo, si es la voluntad de Dios’. Nunca estaba en un estado de desesperanza, siempre estaba feliz. Mientras yo estuve meditando y meditando por años y nada ocurría, muchas veces llegaba el momento en que estaba desesperado, desesperanzado y pensaba dejar todo eso que no tenía sentido. Y, de repente, recordaba al ladrón quien siempre decía, todas las noches, ‘si es la voluntad de Dios’, mañana ocurrirá.

Los perros y niños son maestros

Los perros y los niños son maestros

Y mi segundo maestro fue un perro. Yo iba hacia el río, sediento y el perro venía, él también estaba sediento. Miraba dentro del río y veía otro perro ahí – su propia imagen – y sentía miedo. Ladraba y se alejaba, pero su sed era tanta que regresaba. Finalmente, a pesar de su miedo, saltaba al agua y la imagen desaparecía. Supe que había un mensaje para mí de este incidente: uno tiene que saltar a pesar de todos los temores.

Y el tercer maestro fue un pequeño niño. Entré a una ciudad y un niño llevaba una vela encendida. Iba a la mezquita a poner la vela ahí. Bromeando, le pregunté al chico: ‘¿encendió la vela usted solo?’ ‘Sí señor, respondió’ y le pregunté: ¿hubo un momento cuando la vela estaba apagada y hubo un momento en que la vela se encendió, puedes mostrarme de dónde vino la luz? Y el chico se rio, sopló la vela y dijo, ‘ahora, vio que la luz se fue, ¿adónde se fue? ¿Puede decírmelo?’ Mi ego estaba destrozado, todo mi conocimiento se vino al suelo y en ese momento sentí mi estupidez. Desde entonces decayó toda mi habilidad del conocimiento.

En verdad no tuve maestro. Eso no significa que yo no era discípulo – acepto toda la existencia como mi maestro –. Mi discipulado fue un involucramiento mayor que el suyo. Confié en las nubes y en los árboles. Confié en la existencia como tal. No tuve maestro, porque tuve miles de maestros. Aprendí de toda fuente posible. Ser un discípulo es un deber en el camino. ¿Qué significa ser un discípulo?

Significa ser hábil para aprender, ser vulnerable a la existencia. Con un maestro usted empieza a aprender a aprender. El maestro es una piscina donde usted puede aprender a nadar. Una vez que ha aprendido, todos los océanos son suyos.

Entonces ¿de qué maestros aprende usted en la vida?