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La Abeja que salvó al rey

Tal vez la historia no sea verdadera, pero…

Hace mucho tiempo vivía un Rey muy sabio, tan sabio que tenía la solución a la mayoría de las cosas. Sabía de animales, pájaros, peces y árboles y les enseñó a las personas de todo el mundo acerca de estas cosas.

Un día ventoso, una pequeña abeja se extravió de su camino y voló hacia el bello palacio del Rey. La pequeña abeja le rogó al Rey: “Por favor, déjeme vivir y algún día le serviré”.

El Rey estaba asombrado de pensar que una diminuta abeja pudiera servirle algún día a tan poderoso rey. Soltó a la abeja y le dijo, “Ve, sigue tu camino, no necesito nada de ti hoy”.

sabiduria

La sabiduría es más valiosa que las muchas riquezas

Algunos días más tarde la gente del reino se reunió en el patio del palacio. Una Reina venía a visitar al Rey desde tierras lejanas; ella había escuchado a mucha gente decir que este Rey era muy sabio, tenía que asegurarse que no eran simples mentiras.

Finalmente llegó y subió hasta el elevado trono del Rey, le ofreció su amistad y lindos regalos, pero finalmente la Reina dio a conocer su verdadero propósito: “He oído que eres muy sabio”, dijo “Eres más sabio que el resto, ¿pondrías a prueba tu sabiduría?”.

El Rey estuvo de acuerdo y ella hizo lo que mejor pudo con adivinanzas, trucos y pruebas difíciles. De hecho, ella parecía, más bien, una molestia. Un día le dio al Rey una gran piedra preciosa con un pequeño agujero giratorio en el centro. “Vea si puede pasar un hilo a través del hueco de esta joya”, retó al Rey con una sonrisa astuta.

Pero el Rey puso a un gusano de seda a pasar a través de hueco, lo cual no es un gran problema para ese diminuto gussano, y conforme el gusano lo hizo, un delgado hilo de seda siguió al gusano todo su camino.

En otra ocasión, la Reina probó las habilidades del Rey llenando una habitación con 50 niños y 50 niñas. Todos estaban vestidos de igual manera y así el Rey no podía distinguir entre varón y mujer. “Vea si puede separar niños de niñas, así yo sabré si usted es el más sabio del mundo”. Pero el Rey sabía exactamente lo que debía hacer. Hizo que sus sirvientes trajeran vasijas de agua para cada niño. Luego les pidió a los niños no hacer de esto una competencia, pero que le gustaría que todos se levaran la cara.

Los niños chapoteaban y chapoteaban apenas se les avisó, pero las niñas delicadamente sumergieron sus dedos en las vasijas. Así el Rey pudo fácilmente decir, quién era niño y quién niña.

Ahora la Reina estaba muy enfadada ante la demostración de sabiduría del Rey y decidida a encontrar la manera de hacerlo caer. “Tenemos que preparar una prueba”, le dijo a sus consejeros, “para demostrar que este Rey es un tonto y no demostrar su sabiduría”.

Así que prepararon un plan que no fallaría. De seguro, era una prueba para hacer que otros se pusieran pálidos. Ordenaron a los artesanos de la Reina hacer noventa y nueve flores bien falsas pero que parecieran reales; cuando terminaron ni la misma Reina podía creer que fueran falsas. Estaba segura que el Rey también se equivocaría. Y luego, del jardín del Rey tomó únicamente una flor verdadera e inteligentemente la puso entre todas las demás.

“Mañana será un día maravilloso”, dijo la Reina, “porque haremos que el sabio rey, parezca, más bien, un tonto. Sí, durante la fiesta que se da en su honor, probaremos al Rey, para que encuentre la verdadera flor”.

El día siguiente, la gente de todo el reino se reunió para asistir a la fiesta y honrar a su Rey. Luego inmediatamente después de la comida la Reina se puso de pie y habló, llamando la atención de todos:

“Escuchen todos, tengo algo que decir. Solo una prueba más para el Rey. Mis artesanos han creado muchas flores bellas. Todas se ven tan reales, para probar los poderes del Rey. Noventa y nueve son falsas, pero una entre todas ellas es real. ¿Puede el Rey atreverse a encontrarla?” El Rey, no queriendo ser puesto en evidencia como un tonto por esta Reina, aceptó el reto que ella le lanzaba. El Rey olió las flores pero todas olían tan dulce y todas eran tan suaves. Las flores eran todas bellas al verlas. ¿Cuál podría ser la flor real?

El Rey titubeó y la gente se asombró, “¿Podrá nuestro Rey no ser tan sabio y grande? Seguro que él puede diferenciar una flor real de una falsa”. El Rey se puso un poco perplejo y no sabía qué hacer. De repente, escuchó un leve zumbido, había algo zumbando alrededor. Era la diminuta abeja que él había salvado varios días atrás. “Aquí estoy a su servicio, aquí estoy señor. Aquí estoy para recompensarle su bondad en aquel día ventoso”.

Abeja

No menospreciemos a los más pequeños, pueden ser nuestra salvación

La diminuta abeja rápidamente voló sobre las flores y en muy poco tiempo encontró la que buscaba, la que tenía miel, dulce y pura. El Rey se inclinó y arrancó la flor. “Aquí está, no hay que buscar más allá”. Se la entregó a la Reina y los artesanos lo confirmaron. Esa era la real. Finalmente la Reina tuvo que rendirse y admitir que este Rey era, realmente, el más sabio que hasta el momento había existido.

 

 

Esta historia, que sin duda, nace de una gran imaginación, nos deja varias grandes enseñanzas:

1)    Debemos ser bondadosos y amables con quienes nos piden su ayuda

2)    La gratitud es una virtud que debemos practicar siempre. En la biblia dice: “Y sed agradecidos…”

3) Debemos estar siempre preparados, siempre habrá alguien que quiera probarnos y dejarnos “mal parados”.

4)    No debemos menospreciar a nadie, por pequeño que parezca, en algún momento podríamos necesitar de él.